lunes, 30 de noviembre de 2009

No lo consienta Señor

Su Majestad,

Debo haber leído mal o el periodista debe estar mal informado. Leo, sin terminar de creerlo, que Su Majestad está realizando gestiones con la Santa Sede para acelerar la nulidad del matrimonio de S.A.R. Doña Elena.

Verá Señor, con todos mis respetos, no lo entiendo.

¿Cuál habría de ser la causa de tal nulidad?. Es obvio y evidente que el matrimonio fue consumado en, al menos, dos ocasiones. O eso o D. Jaime tiene sobrados motivos de queja y demanda, pero no parece ser él quien ande en esas rogativas.

Dado, pues, que no hay tampoco duda sobre la voluntariedad de los esponsales, y que el matrimonio se celebró sin más defecto de forma que el olvido por parte de Su Alteza de pediros permiso antes de pronunciar los votos, ¿que razón se puede esgrimir para anular el himeneo?

Soy agnóstico, lo reconozco Señor, pero criado y educado en una fuerte moral católica que respeto y, probablemente, transmitiré a mis descendientes si algún día los tuviera.

No soy de los que opina que el matrimonio sea indivisible, las pruebas de fallidos matrimonios de compañeros, familiares y amigos nos lo demuestran casi a diario, pero jamás entendí la proliferación de anulación de matrimonios eclesiásticos.

Puedo entender que quieran hacerlo aquellas personas con sobrados y reglamentados motivos, aún cuando el mal aliento no forme parte de ellos, pero me parece la compra de una bula el resto de los casos, es decir, el 95% de los que conozco.

Puedo entenderlo en el caso de folclóricas, famosas de pretendida alta clase e indecisas niñas de papá, por aquello de volver a forrarse con el siguiente reportaje de la nueva boda en el HOLA o sentirse otra vez las princesitas de la fiesta por un día, pero no me cabe en la cabeza, Señor, el motivo que Su Alteza pueda esgrimir para solicitar tal dispensa.

La cimentación de la monarquía en España es, como Su Majestad sabe, muy endeble y basada en tradiciones que vienen de antiguo. Nada hay que objetar a una separación, o incluso divorcio, de una de Sus Altezas si sus matrimonios no fueran lo felices o adecuados que cualquier pareja requiere y merece, pero flaco favor haría a la Institución que algunos hemos jurado defender con nuestra propia sangre, si los indecisos, los descreídos o los detractores entienden o comprueban que los miembros de la Familia Real obran con capricho en temas tan importantes para millones de personas como el que nos ocupa. Debe evitarse, Majestad, la sensación de antojo.

Es duro oficio el de Infanta de España. No me cabe duda de ello. Los privilegios del título serán, estoy seguro, poca cosa comparados con las obligaciones. Pero es que así es como tiene que ser.

Confío, por lo poco que la conozco, que Doña Elena estará pensando en contraer matrimonio por segunda vez. No me cabe duda de ello porque me consta que es persona consciente, cariñosa y creyente. Y querrá que ese nuevo matrimonio sea consagrado por la Iglesia Católica, pero es que, Señor, no se puede tener todo en esta vida, y las imágenes de una segunda boda de Doña Elena no creo que fueran a hacer ningún bien a la Monarquía por incomprensibles. Que se case si ese es su deseo, pero ya sabe Su Majestad cuál es la única vía coherente para hacerlo, y no pasa por una iglesia sino por un juzgado.

Haga caso Su Majestad a éste su humilde súbdito, deje estar las cosas del Tribunal de la Rota en su sitio y convenza a S.A.R. de desistir en su intento, no vaya a ser que haya quien se empeñe en comparar al Rey de España y su familia con otra cosa.

Dios guarde a Su Majestad muchos años,
Rocket Launcher

martes, 24 de noviembre de 2009

Pasaba por aquí



Pues eso, pasaba por aquí y me he dicho, "¡coño Rocket!, ya que estás, ¿por qué no escribes algo?" y me he contestado que "¡no!, ¿que para qué?".

Y es que debe ser que, a fuerza de hacerme viejo, me debo estar convirtiendo en un recalcitrante reaccionario, y ya saben ustedes que llevo mal lo de cumplir añitos y sus consecuencias psicológicas.

Sufro de intolerancia a la tontería, al mamoneo, a los pusilánimes, meapilas, progres de salón y putiactrices. No soporto los presentadores de guardia, las "colaboradoras" millonarias, las noticias ñoñas y los reportajes de cámara oculta. Enfermo con los agoreros del desastre, los periodistas "wall street" y los opinadores disconformes, los opositores a todo, siempre.

Me la bufan los especiales sobre prostitución, los hábitos sexuales de los españoles o la comparativa contra los países escandinavos. Me da igual si un sueco se beneficia a su mujer, su vecino, su perro o a todos al mismo tiempo un 42% más o menos que yo. Que manía con el jodido morbo tenemos en España.

Se me revuelve el estómago cuando leo que Belén Esteban es "la voz del pueblo", y mal lo debemos estar haciendo cuando la voz de nuestra conciencia, el Pepito Grillo de nuestro espíritu cívico, es el tal Risto Mejide. ¡Joder!

De política ni hablamos. Maldita pandilla de inútiles interesados.

Se refugia uno en la lectura, y se encuentra con que Stieg Larsson (ya saben, el celebérrimo best seller post-mortem) tenía una opinión muy bien formada sobre la titularidad y soberanía de Gibraltar, Ceuta y Melilla. Por supuesto lo españoles no salimos bien parados en ninguno de los tres casos. ¡Manda huevos, ni leyendo le dejan a uno en paz!

Por último, si abre un periódico, rompe uno a llorar de pura pena y rabia.

En medio de este caos, de esta desolación, sólo hay algo que ofrece algo de consuelo y alivio, una buena cerveza fresquita.

Así que con su permiso, y hasta que se me pase el cabreo y las ganas de prenderle fuego al mundo, yo a lo mío y ustedes a disfrutar.

martes, 20 de octubre de 2009

Au Revoir Madame

Es difícil hablar de la gente que sale de tu vida, aún más si es gente tan excepcional como Ana.

Ana le daba un nuevo sentido a la palabra discreción. Puede imaginarse el lector a una persona tímida, apocada, siempre a la sombra quizás de su marido, pero no era éste el caso.

Ana tenía un estricto sentido del saber estar, y su forma de ser era fiel reflejo de sus convicciones. "No pueden querer mandar dos en el mismo barco, Rocket, eso no funciona". Así que asumía su papel de "poder" en la sombra de manera enérgica pero delicada, aconsejando y apoyando en las decisiones sin ser ella quien las tomara si no le correspondían o, por el contrario, impidiendo cualquier tipo de intromisión que no fuera un buen consejo cuando era su misión decidir.

Y ha sido una excelente consejera.

Siempre tuvo un elevado sentido de la responsabilidad, del deber. Nunca la he visto escurrir el bulto por pesada o dura que fuera la tarea, no sólo por su increíble capacidad de trabajo, sino por su firme convicción de que uno tiene que hacer lo que le corresponde, de lo contrario otro tendrá que hacerlo por uno, y eso es profundamente injusto.

Jamás la he visto cambiar uno sólo de sus principios, forjados con el ejercicio de una voluntad de hierro, ni aunque mantenerlos le costara alguna que otra penuria. No era de ese tipo de personas. El transfuguismo, y no sólo el político, le provocaba nauseas. "Roma no paga traidores".

Era una persona dulce, pero no empalagosa, suave, pero no blanda, cariñosa, pero no melosa.

No escatimaba cumplidos si eran necesarios, pero no perdonaba la crítica si era de justicia. No era de las que creía que los cercanos tenían que tener razón o haber actuado correctamente sólo por serlo. De sus "lecturas de cartilla" he aprendido siempre mucho, lecciones que no tienen precio. Ese sentido de la ecuanimidad terminaba de redondear su carácter hasta convertirla en una persona verdaderamente excepcional.

Desconfiaba, y me incitaba a desconfiar, de los aduladores y lameculos, de los que siempre me daban la razón. "Recuerda Rocket que, como decía Quevedo, bien puede haber puñalada sin lisonja, pero pocas veces hay lisonja sin puñalada".

Fue una persona firme, no cabe duda de ello, y sin embargo rara vez era brusca. Sólo a veces, cuando hablaba de política, se exaltaba un poco, y todos cuantos estábamos a su alrededor nos reíamos de ello.

Ha sido una excelente compañera de viaje durante toda mi vida.

El pasado día 13 de octubre moría en el Hospital Puerta del Mar de Cádiz, Ana, mi madre.

Una verdadera dama.

P.D.

Quien esperara un panegírico lleno de ternura y sensibilidad se equivocaba. Esas cosas se quedan en la intimidad. Doña Ana merecía que se hablara de su caracter y forma de ser mucho más allá del ámbito familiar, de su valía como el extraordinario ser humano que ha sido, además de madre y esposa.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Solidaridad

Angel, al que no tengo el gusto de conocer de nada, me pidió vía email el pasado viernes que me sumara a una de las tantas iniciativas que circulan por internet.

Ésta, en concreto, animaba a los bloggers a escribir sobre la solidaridad, en cualquiera de sus vertientes y facetas, desde un punto de vista personal.

La solidaridad es como los ferraris, todo el mundo habla de ellos pero nadie los arranca.

Hace poco un grupo de insensatos campistas me llamaron insolidario a voz en grito por echarles de una propiedad privada. Curioso el concepto que tenemos de la solidaridad. Concepto de quita y pon, según nos vaya la feria en ello, he de decir.

La solidaridad debería ser un algo absoluto, inequívoco, no sujeto a interpretaciones ni objeto de apropiación, pero creo que, como el concepto de justicia, eso es una quimera.

Ayer un militar español murió en Afganistán. Su BMR pisó una mina, poco importa ahora si convencional o improvisada, e hizo, al parecer, volcar el vehículo. El resultado son dos huérfanos que, si no me equivoco, cobrarán una pensión de mierda hasta que sean mayores de edad y una indemnización de cuatro perras por no volver a ver a su padre, nunca, jamás.

Hoy por la mañana en todas las tertulias radiofónicas, un alto porcentaje de los contertulios de las principales cadenas de radio (Onda Cero, SER, COPE y Punto Radio que yo haya podido oír) abogaban por una retirada de las tropas de Afganistán e, incluso, alguno lo exigía por solidaridad con las familias de los 90 compatriotas que han perdido la vida en este conflicto. Por solidaridad.

Me pregunto si sabemos lo que hacemos en Afganistán y me respondo que no, que nadie parece darse cuenta de algo tan evidente.

Estamos en Afganistán por dos motivos fundamentales. El primero por seguridad, para demostrar a una panda de extremistas asesinos y analfabetos y a todos cuantos les secundan, apoyan e imitan en medio mundo que no hay sitio en la tierra donde se puedan esconder para preparar y trazar sus planes contra nosotros. Y el segundo para demostrarles a éstos mismos y a todos cuantos les jalean, justifican o disculpan, que no pensamos consentir que nos digan cómo vivir, ni que nos lleven de vuelta a la edad media o a la de las cavernas.

En ese empeño no hay gente que esté dispuesta a morir. No tenemos suicidas en nuestras filas, no los necesitamos. Pero en ese empeño, digo, sí que hay gente que está dispuesta a asumir riesgos para cumplir órdenes, para realizar las tareas asignadas. Es mentira que estemos allí para reconstruir un país. Nuestra verdadera misión es devolver a Afganistán al Siglo XX (el XXI sería pretencioso) y asegurar su estabilidad para que puedan "crecer" por sí solos, sin seguir los caprichosos designios de terroristas mesiánicos, señores de la guerra o del opio, reyezuelos, jefes de tribu o el primer jodido desaprensivo que sea capaz de comprar un poco de poder.

Yo soy solidario con el cabo que murió ayer, y soy solidario con su familia y con sus compañeros, soy solidario con las dos soldados que, con dos pelotas, se prestaron voluntarias para conducir camiones en un convoy de riesgo cuando sus compañeros masculinos desobedecieron y dijeron que no irían.


Soy solidario con las niñas afganas que, no muy lejos de Herat, tienen que andar kilómetros, cargadas como mulas y tratadas como tal, para llevar agua a sus casas. Soy solidario con los que opinan que la libertad no es gratuita, que hay que ganarla cada día porque siempre hay quien nos la quiere arrebatar. No por medios violentos obviamente, éstos deben ser siempre la última opción, sino con el ejercicio de nuestra propia libertad y la defensa de la de nuestro vecino.

Soy solidario con los que enseñan el corán como una religión, no como una doctrina y soy solidario con los que piensan que Dios no existe pero respetan las creencias ajenas siempre y cuando éstas no atenten contra la dignidad o sean meras estafas. Y sí, soy solidario con los británicos, americanos, holandeses, polacos, italianos, neozelandeses, australianos, suecos y noruegos, daneses, franceses, búlgaros, turcos, checos, griegos, portugueses, belgas, alemanes, canadienses y soldados de otra veintena de nacionalidades que, cada día, se juegan su pellejo en Afganistán pensando, estando convencidos, que con eso preservan el nuestro.

Soy solidario con los que, de uniforme o no, se levantan cada día en las zonas del mundo más castigadas con miseria y destrucción, esas zonas donde la palabra ayuda significa mucho más que hacer una llamada telefónica o descargar un coche.

Soy solidario con mi vecino, soy solidario con mi portero, soy solidario con el frutero de Mercadona, el conductor de autobús de la línea 115, el policía municipal, el Director de Marketing de Vodafone y el ama de casa que cada mes se las ve y se las desea para que le cuadren las cuentas. Soy solidario con el soldado y el Tte. General. Soy solidario con la gente de bien.

Y déjenme que les diga una cosa, soy profundamente, visceralmente, insolidario con los que, por un mero asunto laboral, han saboteado en Santa Bárbara la puesta a punto de unos nuevos vehículos que, de haber sido acabados a tiempo, habrían sido entregados en Afganistán y, quizás, haber evitado la muerte del cabo Ancor.

La RAE define solidaridad como la "adhesión circunstancial a la causa o la empresa de otros".

Y yo hoy, como ayer y mañana, me solidarizo con quienes tienen una visión justa de la sociedad, no homogénea, ni monolítica, sino simplemente justa.

Ya dije cuál era mi sentido de la justicia en http://ustedporquienmetoma.blogspot.com/2009/03/los-desmemoriados.html


No sé Ángel si era exactamente ésto lo que ibas buscando, pero es lo que me ha salido.

Descanse en paz el Cabo D. Cristo Ancor Cabello, y que su sacrificio no sea en vano.

lunes, 5 de octubre de 2009

Maldita Nerea

Nada, no hay forma. Llega uno al último año de la treintena, en fase ya de vejestorio total y no hay forma de que algo le sorprenda. Hablo de música, claro. Otro día hablamos de los telediarios.

Pero insisto, más de lo mismo. Es como si la creatividad se hubiera convertido en una máquina de hacer fotocopias. Nada nuevo bajo el sol, salvo unas pocas, poquísimas sorpresas muy de vez en cuando.

Además, el hecho de que todas las cadenas de radio se hayan pasado del formato "fórmula", que permitía a nuevos grupos darse a conocer, a "el baúl de los recuerdos" en el que todas y cada una de las cadenas ponen la misma música, al mismo tiempo y sólo tiran de "grandes éxitos de ayer y hoy", no facilita que haya algo que sorprenda, que refresque un poco el alma de los que añoramos tiempos donde surgían grupos dignos con una música fantástica un día sí y otro también.

Es como si en España ya no se formaran grupos musicales, nadie compusiera y los músicos se dedicaran, exclusivamente, a hacer versiones de temas de los 70, los 80 y hasta los 90.

Pero yo he encontrado una perla, uno de esos grupos que te llama la atención la primera vez que los oyes y que te gustan, aún más, cuando tienes oportunidad de comprobar como dejan las canciones de redondas, lo bien que tocan y, sobre todo, que las letras son maduras. No están escritas en el cuarto de baño de un avión, se nota que se han sentado con lapiz y papel hasta dejarlas de forma que comunican muy bien lo que quieren.

Carecen, hasta ahora, de cualquier tipo de promoción en las cadenas musicales nacionales, son uno de esos grupos secretos que, sin embargo, tienen miles de seguidores en internet.

Se lo han currado, y eso les concede, todavía, un poco más de mértio.

La canción que incluyo es la perfecta definición de un desamor, de cuando las cosas se mueren, se apagan, se acaban. No es mi favorita, pero les animo a que busquen y escuchen más, especialmente "Piedra, papel y tijera", "Después de todos estos años" o, para los que estén muy enamorados y anden de vez en cuando por el Foro "Tu mirada me hace grande"

Señoras y señores, desde Murcia y Salamanca con ustedes "Maldita Nerea"






"Y sólo digo que / Nunca quise hacerte daño / Pero todo se nos fue / Y aunque ahora somos como extraños / Yo jamás te olvidaré"

¿Qué quieren que les diga?, a mi me encanta.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Amsterdam



¡Por fin acabo una entrada!

Me cuesta encontrar un rato de tranquilidad para poder escribir alguna de mis estupideces, pero ya no es por desidia, es por simple falta de tiempo.

Flandes, Flandes. Y su capital Amsterdam, tierra de promisión para los que sueñan con la libertad del Siglo XXI. Ya sabe el lector.

No me refiero a la posibilidad de elegir libremente a los representantes del pueblo en sufragio universal, ni a la escolarización obligatoria y gratuita, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley o el derecho a la propiedad privada. No, me refiero a la posibilidad de fumarse un porro o irse de putas de manera “legal”.

En el imaginario de los post-adolescentes españoles, Amsterdam se presenta como una suerte de nueva Babilonia donde las fuentes manan vino y los perros se atan con longaniza. Pero quizá no sea tan fiero el león como lo pintan.

Visito Holanda por motivos profesionales con bastante frecuencia, y suelo disponer en cada viaje de tiempo libre para visitar, con mis colegas de otros países, la ciudad de los canales, la Venecia del Norte.

Nunca fui fumador de “chuflos”, con mis ducados (“bullshit” decían los Yankees) tenía suficiente, y si alguna vez probaba alguno tampoco le sacaba todo el “partido” que se suponía.

Con respecto al puterío, nunca he sido muy partidario. Mi ego masculino me ha impedido ser usuario de tan ancestral servicio, porque pagando no puntúa y uno tiene su prurito de vanidad. Bien es cierto que el resultado de mis “gestiones” particulares no era siempre exitoso, pero es lo que había, ya saben ustedes, “vacas gordas y vacas flacas”. Eso si, jamás he puesto objeción a que los demás ejerzan su libertad de “visitar” determinados sitios o personas y darse un capricho, o un atracón, a cambio de un pecunio. Allá cada cual con su vida y su moral.

Si que me ha preocupado siempre que los profesionales del “amor” (ellas y ellos, que desde que Loles León afirmó ser usuaria habitual de “compañía” masculina de pago, el asunto de los putos está muy en voga) ejercieran su trabajo desde una decisión personal, sin mafias, imposiciones o chantajes.

Pues bien, esa es la única diferencia entre Amsterdam y España en relación al sexo de pago. Allí quien ejerce la prostitución lo hace libremente. Venden su cuerpo a cambio de vil parnés y, quizás, por ello irán al infierno de cabeza, pero lo harán con sus impuestos pagados, su sanidad en regla, sus derechos y obligaciones satisfechos como cada hijo de vecino y, además, con el carnet de su sindicato que, según he podido leer, cuenta con unas tasas de afiliación cercanas al 100%. Es decir, se irán a tomar el té o hacer el guarro con Belcebú, pero desde el punto de vista de ciudadanos tendrán su expediente más limpio que el de Santo Tomás Moro.

El hecho de que sea legal, la prostitución digo, genera algunos usos y costumbres que chocan con las prácticas pseudo-clandestinas de otras latitudes, incluidas éstas en las que nos encontramos los que leemos este blog. Los escaparates del Barrio Rojo, por ejemplo, suelen ser punto obligado de visita por todos aquellos turistas que pasen por la ciudad. Choca ver a señoritas (o señoras) en mínima ropa interior en un escaparate insinuándose y contoneándose al paso de cualquiera al que consideren un cliente potencial. Las hay que superan en espectacularidad y medidas a las modelos de playboy, otras siguen otro patrón de belleza, las hay más jóvenes, más maduras, gorditas, flacas, altas, bajas, negras, blancas, rubias, morenas, pelirrojas, asiáticas, latinas y, prácticamente, cualquier canon que uno pueda imaginar. Un colmado de carne, según unos, una oferta amplia, según otros.

El caso es que no hay explotación, ni chulos, ni mafias, ni engaños, ni victimismo. Fin de las diferencias.

Por lo que respecta a los clientes, no creo que vayan a encontrar otro comportamiento que el esperado en estos casos en cualquier parte del mundo. Tampoco creo que haya más diferencia con respecto al acuerdo de servicios que se alcancen con las meretrices y sus primos los prostitutos.

Oía la pasada semana en el aeropuerto de Amsterdam mientras esperaba para embarcar de vuelta a la península, a dos caballeros (más bien diría mastuerzos) españoles quejándose de que las putas holandesas eran igual de expeditivas (entiéndase su intención de ir “directamente al grano”) que las españolas, y voceaban, casi, su indignación por un viaje en busca de la nueva frontera del vicio que se había quedado en, cito, “dos polvos con prisa y a la puta calle”.

Volvemos al imaginario colectivo. En Amsterdam la prostitución es legal, pero las prostitutas no te van a buscar a pie del avión a entregarte su cuerpo cuán amante despechada. No sé, pero no creo. Y el que es feo, gilipollas y maleducado lo es aquí y en la Conchinchina. Si para los putos y putas del mundo lo de su cuerpo es negocio, aún más lo será con los que no tienen tirón ni en su casa. Por bocazas y por soplagaitas.

Algo parecido ocurre con el tema de los porros. Aunque resulte difícil, créame el lector, no todos los holandeses fuman porros.

De verdad.

Las madres no utilizan el hachís o la marihuana como complemento dietético para sus querubines, los deportistas no lo consumen, los ejecutivos no lo usan como relajante muscular y las ancianas no alegran sus últimos días en este valle de lágrimas fumándose unos porretes. Su consumo es legal y, verdadera novedad, su comercialización también, pero al margen de ser un atractivo turístico adicional, la vida de la ciudad no gira en torno a su producción, comercialización y consumo.

No hay una secreta camaradería entre fumadores de porros. No se hacen furtivas y esotéricas señas por la calle. No hay patrones de conducta que les identifique. No, no hay nada de eso.

Si antes hablaba de los españoles tripones, puteros y bocazas, ahora lo hago de los post-adolescentes preuniversitarios con la mayoría de edad recién estrenada, y la mental aún por estrenar, y ganas de relatar sus hazañas con el consumo del cannabis.

Veamos pequeñines míos, fumarse diez canutos en una noche no sólo es una jodida barbaridad, sino que me cuesta mucho trabajo creer que hayáis sido capaces de hacerlo y seguir de marcha. Además, ¿cuánto dinero tienen estos niñatos para irse dos días a Amsterdam, comprar más de 40 porros de rojo libanés, polen del rif y no sé cuántas otras exóticas variedades de cannabis (que, sospecho, no son baratas), salir de marcha, beber alcohol a mansalva (éste si que sé que no es barato), y pagarse un hotel, viaje, comidas etc?

“Amsterdam es guay tío, pero la gente no tiene mucha marcha y el tío del coffe shop, ¡un cabrón, menudo precio!” le decía uno al otro mientras escondían sus dilatadas pupilas de la poca luz que había en la terminal parapetándose tras dos estrambóticas gafas de sol.

Así que antes de salir para España, remití un email al Excmo. Ayuntamiento de Amsterdam en el que les rogaba encarecidamente que, siguiendo la visión que en España se tiene de tan hermosa ciudad, y antes las inquietantes opiniones vertidas (vomitadas quizás) por mis compatriotas en sus periplos de vuelta, recapacitasen e incrementasen la cantidad y calidad de los servicios que con tanta fruición son demandados por los españoles.

En lo sucesivo, proponía yo, espero que haya una amplia variedad de putos y putas en las escalerillas (ahora finger) de los aviones con origen en nuestra piel de toro que propongan y proporcionen favores sexuales gratuitos y apasionados a todos cuantos viajen en su interior. Pueden ofrecer, adicionalmente y a modo de bienvenida y prueba de buena voluntad, porros de todas las variedades habidas y por haber acompañados de copazos sin dosificador, hongos alucinógenos, birras múltiples y un sofá cama para descansar, brevemente, antes de continuar con la fiesta.

Aún no me han contestado, pero estoy seguro que lo harán.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Desidia


Apático. Así es como me he quedado después de las vacaciones. En blanco, sin ideas, desidioso y remolón. Y no es serio, no lo es. El que tiene un blog tiene un compromiso, ¿o no?

Da igual, excepto por mi permanente jugueteo con el golf y con dejar de fumar, no soy de los que dejan las cosas a medias, y me irrita tener el blog más intermitente que la filmografía de Woody Allen. ¡Maldita sea mi estampa!

Y no es que no lo haya intentado, no señor. He empezado cuatro entradas en las dos últimas semanas, de verdad. Pero se me quedan sin fuerza, interruptus, cuando voy por el cuarto o el quinto párrafo… gatillazo literario.

Estoy seguro que las iré recuperando en los meses de frío invierno pero, mientras, las guardo en el cajón de “no apto” y dejo que se reposen y maduren. Con un poco de suerte se pudrirán y ya no estarán ahí cuando quiera tirar de ellas. ¡Que me den, por perezoso y cigarrón!

Nada, cero, nulo, negativo.

También es cierto que el ritmo de trabajo en las últimas semanas ha sido alto, y que la cabeza la tengo más en el quirófano, el plan de marketing, la nueva suspensión, la reunión NATO de la semana que viene, el número del trapecio o el nuevo planeta extrasolar, que en cualquier otra cosa pero, insisto, ésto no es serio.

Quizás debería irme al cine a inspirarme, a encontrar en una historia ajena y ficticia la parte de verdad en la que me pueda sentir reconocido y luego volver delante del teclado y contarla, soltarla, escupirla o vomitarla. Pero es que, salvo honrosas excepciones, el cine actual es una mierda, especialmente el español, y sólo me inspira bostezos o maliciosas sonrisas de medio lado.

Así que, querido lector, no desista usted de pasar por aquí de vez en cuando porque prometo enmendarme y coger velocidad de crucero, lenta pero constante, el día menos pensado

Por cierto, que no escriba no quiere decir que no lea, y a aquellos de ustedes que tiene su propio blog les tengo bastante vigilados, aunque ustedes, quizás, no lo sepan.