martes, 14 de diciembre de 2010

De honores y otras cosas que no dan de comer


Últimamente, y por razones que no vienen al caso, le doy muchas vueltas al sentido del honor y de la dignidad.

Hay bastantes alusiones al respecto en muchas de mis entradas y en muchos de los comentarios que los cuatro perturbados que siguen este blog han tenido a bien dejar.

La RAE define honor (en su primera acepción, es decir, la fetén) como: “Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”

Y aún hay más, en su sexta acepción lo define como “dignidad”

¡Cómo me gusta el castellano!

No veo yo en ninguna de estas dos acepciones, ni en ninguna de las otras he de decir, la descripción de un caballero con armadura, ni de un duelo al amanecer. No, no veo nada de eso.

Lo que sí veo es algo muy de andar por casa, algo tan contemporáneo como los dichosos i-phone (por cierto, ¿los regalan?).

Sin embargo parece que ya nadie presta atención a esa palabreja que suena a cosas del año de Maricastaña, obsoleta y vetusta, casi sin sentido.

Pues a mi sí que me importa, ¡cojones!, y ni me parece tan descabellada, ni tan difícil de cumplir en sus significados con un poco de autodisciplina, buena voluntad y sobre todo madurez.

Y, por desgracia, no hay día que no me sienta como un auténtico gilipollas por esa especie de código de conducta “honorable” que me he autoimpuesto. Mi vida sería mucho más fácil siendo un poco más laxo, pero claro, en ese caso ya no sería mi puñetera vida.

Conozco muchos casos de gente que no es así, gente a la que su oficio debería imponerle un poco más sentido de la dignidad y de la disciplina, el sentido del honor que con tanto fervor entonan en himnos y cánticos, el mismo del que hablan a voz en grito en la cafetería mientras se pimplan doscientas cervezas; pero a la postre suelen ser estos mismos los primeros que incumplen, en cuanto tienen ocasión, esos mismos principios de los que dicen sentirse tan orgullosos.

Vaya panda de mierdas.

Y créanme cuando les digo que soy muy permisivo en algunos aspectos. El mejor escribano puede echar un borrón. Yo, para que conste en acta, tengo uno gigantesco en mi haber. Uno del que nada sabe nadie y nadie nunca sabrá, pero que en ocasiones me sigue apretando la conciencia como una prensa industrial, en el pecado llevé la maldita penitencia.

Sin embargo, creo sinceramente que es el único digno de consideración a lo largo de mi ya no tan corta vida.

No pretendo ser ejemplo, pero me duele ver que nadie mira con mala cara a los infractores, que el pillaje, la mentira y el engaño, el mangoneo, el vaguismo, el escaqueo, el abuso de poder o autoridad, el chulismo más indecente, el pensar con la polla, el aprovecharse de los demás en beneficio propio, quedan impunes.

Y nadie dice nada porque ya todo el mundo lo considera normal, usual, comprensible y razonable.

¡Me cago hasta en mi puta calavera!, ¿por qué cada vez que escribo sobre esto me da la sensación de que soy un imbécil y un tontolaba?

6 comentarios:

La Chispa de la Vida dijo...

He aquí otra tontalaba.
Me supera la gente que tanto se queja y después no hace nada para remediarlo. Me supera la gente que usa su "inteligencia" para sabotear, recular, engañar, trepar, hundir, sobresalir, pisando...
En fin, lo dicho, tontalaba yo también, por creer que todo está perdido menos la Fe y el Honor.

¡Feliz y auténtica Navidad!

Cachalote dijo...

Apreciado Mr Rocket, plantea usted la honorabilidad como algo casi absoluto, y ligado exclusivamente a la voluntad del individuo. Blanco o negro, o se es honorable o no se es, y yo no lo tengo tan claro. No siempre es posible una actuación honorable. No siempre podemos escoger la opción honorable en todo lo que hacemos.

Yo mismo, por ejemplo. En mi vida intento tener un comportamiento recto y honroso, pero..., resulta que para vivir tengo que trabajar, y cuando se tiene unos jefes que no siempre toman decisiones justas y honrosas, las cosas se complican y mucho; tanto más cuando esas decisiones, evidentemente, ni las instrumentalizan ni las ejecutan ellos mismos, sino que requieren de “sicarios” como yo mismo para esos menesteres. Y yo soy un buen sicario, porque guste o no, la profesionalidad implica hacer lo que dice el jefe que para eso tiene el cargo que tiene, y uno no deja de ser un chupatintas parcialmente ilustrado; y entonces sólo queda maniobrar para hacer el menor daño posible dentro de los límites marcados.

¿Soy honorable?, cuando puedo, sí, no engaño ni miento, ni soy desleal, ni abuso de la poca autoridad que pueda tener, pero, como he dicho, no siempre se puede escoger.

Rocket dijo...

Estimada Chispa,

Ya sabe usted que yo lo de la fé, pues como que no, y lo del honor... pues ya me estoy arrepintiendo de haber escrito la entrada, al final creo que somos muy pocos los que la entendemos y eso no es buena señal, no señor, no lo es.

Estimado Cachalote,

Todos recibimos órdenes en mayor o menos grado, y las órdenes están para ser cumplidas.

No se trata de si esas órdenes son justas o injustas, puesto que poco podemos hacer nosotros por modificarlas. Se acatan, se cumplen y punto.

Yo me refiero a ser honorable y tener sentido del honor en nuestro ámbito de influencia. Allí donde nadie, excepto nosotros mismos, podemos entrar.

Y en algunos casos no veo yo que mucha gente que presume de ello haga lo que se supone que opina. No señor.

Saludos,
Rocket

uno que ya es viejo dijo...

En todos los ambitos de la vida se puede y se debe ser honorable, porque de otra manera no se puede ser justo y si no se es justo no puede haber justicia y sin justicia no hay orden y después de esto bienen los tiros.
Actuar de forma honrada no siempre es fácil, y ser honrado uno, no lo convierte a uno en moneda de oro que a todos vale. Pero creer en ese principio de honradez hace que nos respetemos unos a otros, lo que no nos libra de tener miedo.
Las leyes son para cumplirlas y como las ordenes, es bueno que sean pocas y claras.
Un amigo sargento de SEPRONA, se encontró ante la amarga tesitura de denunciar a unos furtivetes que se habían reunido para comerse unos pajarillos y terciarse unos litros de vino, el caso es que se encontró con los susodichos, con un sartal y diez pajaritos de los denominados pequeños y que no se pueden matar, la broma sale por unos seis mil el bicho. Prepara la denuncia y ya en el cuartelillo preparando el expediente recibe nota de que otro expediente por un vertido ha sido paralizado en instancias superiores, por motivos de interés público, con mucho dolor, porque el cree de verdad en que hay que protejer la naturaleza, rompió el expediente de los furtivetes, porque para el no tiene sentido denunciar a cuatro abueletes que se juntan en un cortijo ea recordar cuando había pajaros en el campo, que hacen daño por supuesto, pero el que hace un vertido también produce un daño y también incumple la ley, no se la puede pasar a la torera o por que da equis trabajos o por que es amigo de.
Con este rollo vengo a decir, que sin ser un martil, se puede ser honrado y no valen escusas, porque yo que soy sicario, de los de verdad, solo robo y mato por nesecesidad, lo que no puede eximirme de mi responsabilidad.
Además si yo que soy un peón puedo robar y engañar, el jefe que permite eso, que tiene la información y el poder, ¿poqué lo permite?

Rocket dijo...

Estimado uno que ya...,

El honor y la justicia no siempre van de la mano. Imagine, en un caso extremadamente extremo, que encuentra a su mejor amigo acostándose con su señora esposa (un suponer, ¡por supuesto!)... dos hostias no se las quita ni San Judas Tadeo, y eso, mi querido viejo, es ilegal.

Lamento poner un caso tan contrario a mis postulados sobre el honor, pero al menos sirve para ejemplificar.

Saludos,
Rocket

Anónimo dijo...

Los comentarios de uno que ya es viejo me han tocado, y coincido con su punto de vista.
Honor y justicia. Respeto. Conceptos generales que parecen fáciles de definir pero que no dejan de suscitar controversias según quien los tenga que identificar en cada caso concreto (yo no los dejaría en manos de cualquiera).
Y es que pienso que del honor se desprende la justicia, pero si bien esta es universal y en cierto modo "definible" (de ahí las leyes), el honor es individual y varía según criterios personales e individuales.
El honor es de cada uno, y cuando guía nuestros actos hace que nos respetemos a nosotros mismos, y que posiblemente los demás nos respeten por ello.
Pero me resulta curioso que al hablar de honor se tienda a hablar del ajeno, a justificar nuestros actos (será porque los consideramos "deshonestos"?) en base a la falta de principios del prójimo.
No era justo retarse a duelo y matar a alguien por un ataque al honor propio; pero lo es justificar una conducta propia deshonrosa porque tu jefe, la sociedad o el vecino te lo imponen?
Puede que tu jefe, la sociedad o el vecino la consideren honorable!
Y qué hacemos entonces con nuestra conciencia???