viernes, 17 de diciembre de 2010

Tic... tac


Tic… tac

El tiempo pasa, es algo que experimentamos a lo largo de nuestra vida. No se detiene, no se ralentiza, no mengua ni se estira, es casi, casi inmutable.

En realidad no lo es, pero para eso habría que entrar en consideraciones de carácter físico, muy bien descritas por el señor Einstein, que no aplican a esta entrada.

Comprueba el reloj digital y ve que quedan 3 minutos y 45 segundos según el cálculo que realizó hace más de 25 minutos. Es el momento de controlar la ansiedad. Tic… tac… tic… tac.

Ese sonido, ese compás perfecto, resuena en su cabeza aunque los relojes digitales no armen tal escándalo. Tic… tac… tic… tac.

Repasa por enésima vez el equipo, revisa por milésima vez cada uno de los componentes que porta, comprueba hasta la saciedad que lleva todo, que no falta nada, que todo está bajo control. Tic… tac… tic… tac.

Alguien le comenta algo, supone que se trata del típico chiste de última hora que trata de quitarle hierro al asunto, de “relajar” el ambiente. No ha prestado la más mínima atención a la historia, pero se la sabe de carrerilla, diga lo que diga, todos los novatos son iguales.

No le gusta.

No le gustan esas coñas de “estoy nervioso pero no quiero que se me note”. Lo que van a hacer requiere tanto concentración como coordinación, es momento de cerrar la boca y los ojos y verse a sí mismo cumpliendo con todas las tareas, movimientos y acciones que ha memorizado. Al menos las primeras, el protocolo más básico. Si eso funciona bien, el resto también lo hará. Todo irá rodado. Las coñas para las cervezas o los despachos, allí, en ese momento, no.

2 minutos 15 segundos. Tic… tac… tic… tac.

Alguien le da un golpe seco en el casco para sacarle de su concentración, le llama por su apellido y le mira a los ojos mientras le habla. “cuídame a los nuevos -le dice- sobre todo al chistoso, está como un puto flan”, “pierda cuidado -responde- voy a ser su puta mamá”

Alguien abre el portón y le grita que están a punto, que se terminen de preparar.

Tic… tac… tic… tac.

Sonríe al comprobar que los novatos cometen los mismos errores y torpezas que todos los novatos que en el mundo han sido, incluido él mismo mucho tiempo atrás. Que tratan de transmitir una seguridad de la que carecen, que intentan ocultar la ansiedad que les congestiona los músculos y les seca la boca, que se les queda la lengua de trapo.


Tic… tac… tic… tac.

Se fijan en lo que no deben, se ajustan los guantes una y otra vez, giran el cuello en diagonal a izquierda y derecha en un gesto que, en realidad, no sirve para nada que no sea transmitirse una autoconfianza que no tienen en absoluto.

Menos mal que le acompaña también su compañero. Ese nació, en cualquier caso, con el don de ser más frío que el hielo. Es un caso especial, no necesitó niñera el primer día, ni el segundo, cuanto ni más ahora que tiene bastante experiencia. Es listo y las pilla al vuelo, un tío fetén, callado y operativo, un tipo un tanto extraño, pero confiable, al 100%, un puto lujo en los tiempos que corren.

Sus ojos, lo único que el verdugo deja visible, se cruzan en una fracción de segundo, lo suficiente para que se entiendan sin hablarse: “échame una mano con estos tres, tú con ése, y yo con estos dos mastuerzos”, y asiente con la cabeza queriendo decir “sin problema, jefe”, los dos restantes, los mayores, le miran complacidos, “este cabronazo lo tiene todo bajo control”

“30 segundos, todo Dios preparado, los otros ya han entrado, ¡vámonos!”

Parece que el último tic… tac pasa más rápido que el resto, pero eso es solo porque el corazón está a 130 pulsaciones y se tiene esa percepción. El tiempo, en realidad, no fluctúa.

De todas formas eso no es nada, el latido de los novatos se puede oír por encima del sonido de los motores.

15, 14, 13, 12, 11…

“A ver, los novatos, no la caguéis o vais a estar comiendo mierda hasta el día del juicio, ¿está claro?”

Apenas si pueden pronunciar palabra de la emoción.

Tic… tac… tic… tac... tic


Y ya por radio 5, 4, 3, 2, 1...

Tac

8 comentarios:

Cachalote dijo...

Me va a permitir que por una vez le diga que es usted un cabroncete. No se puede dejar eso así, no señor, no es justo. Un relato tan trepidante requiere un final, un desenlace...¿Qué carajo pasó después del 1? ¿los motores eran de un avión? ¿130 pulsaciones? eso es mucho, ¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué el protagonista está tan enfadado con los novatos?, hombre de dios, que nadie nace enseñado...

Rocket dijo...

Estimado Cachalote,

¡Vaya, vaya!, así que he sido capaz de despertar su curiosidad, ¿eh?

Podría ser un avión, sí, pero también podría ser un helicóptero o un vehículo de transporte especial, una barcaza o lancha, etc... o nada que ver con eso.

Las escena se podría producir, perfectamente, en un quirófano. En ocasiones se utilizan verduguillos en lugar de máscaras y encima una especie de casquetes con una pantalla total que llega hasta la barbilla, especialmente si el paciente tiene una enfermedad infecciosa. El sonido bien podría ser el de la máquina de circulación extracorpórea, con la que se trabaja de manera muy precisa y coordinada en cuanto deja el campo libre para operar.

Pero también podrían ser chiquillos de 10 años justo antes de salir al recreo con los berdugos que nos ponían nuestras madres cuando hacía frío, ¿por qué no?

Por supuesto podrían ser aperndices de pilotos antes de salir de boxes.

Los novatos casi siempre te dan algún problema, por muy entrenados que estén de antes del momento crítico, y cuidar de ellos cuando están en su primera vez es siempre una carga extra de trabajo, de estrés y de tensión.

No está enfadado, solo les quiere poner las pilas para que espabilen, que están en la "real life" y si alguien mete la pata otro se hace pupa.

¿Satisfecho con la calculada ambigüedad?

Por supuesto yo sé lo que pasó en realidad, pero la entrada no va de eso... ¿o sí?

Saludos,
Rocket

Cachalote dijo...

Bueeeno, ya veo que es usted un maestro de la ambigüedad y no va a soltar prenda.

Pues venga, marchando una ración de ajo y agua para cachalote, y una felicitación para Rocket, que tiene mérito ser capaz de hacer algo tan escurridizo y trepidante.

Anónimo dijo...

Verdugo, amigo Rocket: VERDUGO(¿de apellido Launcher, o Rocket a secas? Creo que me recuerda usted a alguien...)

Rocket dijo...

Estimado anónimo,

No sé lo que intenta usted insinuar, especialmente con las mayúsculas... no me gusta su comentarios, no me gusta nada.

Y mi nombre es Rocket, y mi apellido es Launcher, y nadie que me conozca pondría eso en duda...

Simplemente no entiendo.

Saludos (o no),
Rocket

Rocket dijo...

Estimado Anónimo,

Estooooo, no reparé en que verdugo era con v y no con b.

Lamento mi comentario, al haber cometido una de las rocketadas sin reparar en ello, creí que estaba poco menos que acusándome de sicario.

Mis disculpas,
Rocket

Anónimo dijo...

Enga, hombre. No pasa nada.

Digo por no darse cuenta usted de que me refería a su pequeño error ortográfico.

Y tampoco pasa nada por ser sicario. Mire usted, yo lo soy y no me he muerto por ello. Claro que alguno que otro sí ha muerto por ello. Pero no estábamos hablando de mí, así que vamos a dejarlo.

Rocket dijo...

Estimado anónimo,

Me va a permitir usted que ponga en duda que sea usted un sicario.

Algo me dice que no ha conocido usted a uno en su vida...

Saludos,
Rocket